Clement Clarke Moore (1779-1863) Versión en Español, Gavriela Ordiales
Era la víspera de Navidad, y todo en la casa era paz, No se oía ni un ruidito, ni siquiera chillar a un ratón. Junto al fuego pendían las calcetas vacías, Seguras que ponto vendería Santa Claus. Y sobre la cama, acurrucaditos y bien abrigados, los niños dormían: Dulces y bombones danzaban alegres entre sus sueños. Mamá con pañoleta, yo con gorro de dormir, Iniciábamos apenas, un largo sueño invernal. De pronto en el prado surgió un alboroto; Salté de la cama y fui a ver qué pasó. Volé como un rayo hasta la ventana, Jalé la cortina y tiré del postigo.
Blanca y suave era la nieve, dulce el brillo de la luna; Parecía el mediodía, en nuestra villa tranquila. Cuando para mi asombro vi pasar a lo lejos, Ocho pequeños renos y un diminuto trineo. Conducía un viejecito, tan vivaracho y veloz, Que supe en seguida, que debía ser Santa Clos. Más rápido que las águilas, sus corceles volaban, Y él silbaba y gritaba, a sus renos llamando:
¡Vamos Destello, Relámpago! ¡Adelante Gambito, Danzarín y Cupido! ¡Jala duro Cometa! ¡Lleguen lejos Estrella y Lucero! ¡A la cima del techo! ¡A la cima del muro! ¡De prisa, de prisa, que los niños me esperan!
Cual hojas secas de un árbol, remontaban al cielo Al hallar a su paso alguna barrera. Volaron así, hasta posarse en la casa, Santa Claus y los renos y el trineo con juguetes.
En un parpadear, sobre el techo escuché Los pequeños cascos de los renos patear. Y al voltear la cabeza, entre cenizas y troncos, Por la chimenea, cayó Santa Claus. Abrigado con pieles, de la cabeza los pies, Santa Claus se encontraba todo sucio de hollín. Cual ropavejero, con un saco a la espalda, Descargó su equipaje y se puso a jugar.
¡Cómo brillaban sus ojos! ¡Cómo sus labios sonreían! Se veía tan gracioso: su nariz parecía una cereza, Sus mejillas estavan rosadas, Y su barba, tan blanca, recordaba la nieve. Apretaba entre los dientes el mango de una pipa, Y en círculo el humo, coronaba su cabeza. Su cara era amplia, y cuando reía, temblaba su panza redonda, como un gran tazón de jalea.
Al verlo jugando, gordinflón y rollizo, Como un duende gracioso, me reí sin querer.
Santa Claus guiñó el ojo y sacudió la cabeza De tal forma que supe que no había qué temer. No habló ni una palabra y volvió a su trabajo: Llenó bien las calcetas, Inclinó la cabeza, arrugó la nariz, Y después con un brinco por la chimenea salió. Saltó a su trineo y silbó a sus corceles, que arrancaron volando, Cual hojas de un árbol que el viendo arrastró. Pero pude escuchar que exclamaba:
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